sábado, 11 de marzo de 2017

Desarrollando el plan lector de centro

Este blog ha dedicado varios artículos al tema de la animación lectora, dentro del aprendizaje de la lectoescritura, que podéis encontrar englobados en las etiquetas Lectoescritura y Lectoescritura en primaria. En mi trayectoria profesional, ya con un largo recorrido, he hecho de la lectura uno de los pilares de mi práctica, ya que considero que sin dominarla correctamente, todos los demás aprendizajes -o casi todos- sufren un deterioro importante. Además, he coordinado seminarios sobre el tema y he intentado estar al día de las aportaciones científicas en este sentido, desde mis tiempos de la facultad de Pedagogía de Valencia, donde la profesora Marisa Monera nos hizo reflexionar sobre la adquisición de la lectura y de la escritura, descubriéndonos además una temática interesantísima para el profesorado de primaria. Fue en una asignatura un tanto descolocada en los estudios de organización escolar, especialidad en la que me formé dentro de la licenciatura en Ciencias de la Educación.
Hoy quería referirme a un plan que estamos llevando a cabo en mi CEIP para aumentar el número de lectores y la frecuencia de lecturas entre el alumnado. El plan consta de varias partes, que podemos citar como sigue:
-Creación de una comisión de biblioteca formada por siete docentes de infantil y todos los ciclos (con perdón de la LOMCE) de primaria.
-Redefinición, dotación y mejoramiento de las bibliotecas de aula.
-Reorganización de la biblioteca de centro para hacerla más atractiva al alumnado.
-Creación de una biblioteca en la planta baja para los alumnos de infantil, primer y segundo curso de primaria.
-Creación de una biblioteca para padres (de momento, sólo de préstamo, que está en proceso de montaje y que pronto, en abril, será una realidad).
Como se puede observar, es un plan ambicioso, que se ha visto reforzado por la concesión de una subvención de la conselleria a todos los centros que la solicitaran cumpliendo unos requisitos, cosa que hemos hecho desde nuestra escuela. Tras unos meses, vemos que el proceso es lento, y que la coordinación para llevar a cabo el proyecto lector es dificultosa. La transformación de la escuela en un ámbito lector se basa en el espacio, pero nos sigue faltando el tiempo. Hemos de incidir en este factor, pero sin descuidar lo espacial. En esta tarea, la implicación de los tutores es primordial, ya que ellos están en contacto directo y permanente con el alumnado. Una ley tan absurda como la LOMCE pasa de puntillas, a mi entender, sobre el papel tutorial en la educación infantil y primaria, cuando constituye, sin duda, un elemento capital en la calidad educativa (sí, esa calidad que forma parte de las siglas LOMCE) de manera casi testimonial.
Lo primero que pensamos fue en sustituir el papel tradicional de maestro bibliotecario por una comisión de siete personas que, de manera libre, se adscribieron a la misma, para iniciar el trabajo de transformación de la biblioteca y atender a los dos espacios que se habilitaron, en lugar del único -y excesivamente planificado desde el punto de vista adulto, he de decir- que existía. La comisión ha ido trabajando y, con luces y sombras, ha hecho su trabajo de actualizar la oferta lectora del centro.Distinguir entre edades lectoras ha sido un acierto: no es lo mismo la lectura en primero de primaria que en quinto, ni en tercero que en sexto. Hemos reubicado libros, hemos repensado espacios y adquirido mobiliario para que cada biblioteca tenga su peculiaridad; no está todo terminado, pero se ven avances. Es cierto que nos queda camino por recorrer, y que tenemos incomprensión dentro del mismo claustro: hay quien piensa que una biblioteca para infantil fuera del aula "no sirve de nada". Evidentemente, sin el acompañamiento de los tutores en las primeras edades del colegio, de poco sirve, si se la castiga a la ignorancia por desdén hacia la lectura. Conviene despertar el interés del alumnado hacia los libros, que será su mejor motivación para aprender a leer, para hacer suyas, a través de la lectura, las historias que otros les cuentan o les leen. Y los mayores buscan -y requieren- otro tratamiento, más de especialización (son muchos los que nos piden obras de animales, incluso de un animal en concreto) y de acercamiento a soportes como el cómic o el álbum ilustrado con historias reales. De hecho, estos días he estado catalogando algunas propuestas fantásticas para alumnado de tercer ciclo (otra vez con perdón) que funcionarán muy bien, estoy convencido. Además de los clásicos que vuelven, como "Los cinco", de Enid Blyton, o la incombustible saga de Gerónimo Stilton.
De todas maneras, me sigue extrañando y sorprendiendo que, a pesar de tanta oferta bibliográfica, de la proliferación de títulos, autores y colecciones, a tantos niños de primaria les cuesta abrir un libro por voluntad propia. Pero ese es tema para otro artículo. Por la escuela -por mi escuela, al menos- no ha de quedar.


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