martes, 2 de octubre de 2012

V Congrés d'Educació de l'Alcúdia: Algunos apuntes (I)


En la localidad de L'Alcúdia, situada al sur de Valencia, se celebró del 27 al 29 de septiembre el V Congreso de Educación, que este año adoptó el nombre de Josep Lluís Bausset, en honor al insigne educador valenciano fallecido recientemente. Como en otras ocasiones, intentaré dejar memoria de aquello más reseñable de lo mucho que se dijo en las tres jornadas congresuales.
El lema que presidía las sesiones era "A pesar de todo, educación: la llave que abre todas las puertas". Y verdaderamente, se cumplió el lema ampliamente en las ponencias presentadas, como veremos a continuación.
Abrió el congreso Federico Mayor Zaragoza, quien se refirió a su etapa como profesor universitario, aunque también recordó sus años al frente de la UNESCO y su breve paso por la política partidista, de la mano de UCD. Mayor Zaragoza definió de manera concisa qué es educación: aprender a ser libres y responsables. Y animó a los docentes a buscar esto mismo en el ejercicio de la profesión educativa. En este mismo sentido, se preguntó cómo se pueden hacer reformas educativas sin consultar al profesorado.
No todo fue complaciente en su intervención: también denunció la inercia profesional que, según sus propias palabras, tiene la culpa de gran parte de los males que aquejan a la educación formal. Y se apoyó en una ingeniosa, a la vez que sincera, reflexión: Qué lástima que, por pensar que puedes hacer poco, no hagas nada. Terminó su intervención con otra cita que nos puede ayudar: Si nos oponemos tercamente a la evolución, al final vendrá la revolución.
Siguió la tarde con la intervención de José Gimeno Sacristán, quien, al igual que hizo en Málaga en el mes de julio, se refirió a la educación pública en la escuela pública, diferenciando entre ambas realidades. Nos dejó, como siempre, algunas perlas pedagógicas. Tocó también la actualidad, e hizo referencia al anteproyecto de reforma educativa. En el mismo, según el profesor Gimeno, aparece la palabra evaluación en 101 ocasiones, mientras que profesor lo hace en 39, y compensación educativa en 2 ocasiones. El dato habla por sí mismo. La reforma que viene se basa fundamentalmente en la evaluación, tomada como calificación y verificación externa de aprendizajes constatables en una prueba de lápiz y papel. Gimeno llega a hablar de obsesión por evaluar (por calificar) y frente a esto, echa mano de Giner de los Ríos, quien afirma que "evaluamos porque no podemos conocer más al alumno", es decir, que un conocimiento elevado de cada alumno evitaría hacer controles o exámenes, porque se tendría información disponible y verificable, además de abundante.
 También trató el tema del fracaso escolar, que no surge súbitamente. Hay que preverlo, no certificarlo simplemente. El fracaso tiene nombres y apellidos. Y depende de nosotros, de nuestra cultura docente, de las expectativas que tenemos sobre el otro, el alumno, que determinan la práctica. Animó al profesorado, sobre todo el de secundaria, a ser educadores, no meros transmisores de contenidos reglados. Y lamentó que el rumbo emprendido por la administración educativa convierta en consultivos los consejos escolares, que han ido perdiendo atribuciones desde hace décadas. La elección de director por parte de la administración tampoco le parece una buena solución; para esto, llega a afirmar, mejor sería recuperar el cuerpo de directores elegidos y evaluados por un tribunal, al modo de la inspección.
Finalmente, Gimeno Sacristán se pregunta si el sistema educativo público está preparado para atender las exigencias de lo público. El catedrático de didáctica no explicitó estas exigencias, pero podemos afirmar que lo público implica participación de la comunidad escolar, control público de la acción educativa, igualdad de oportunidades que compense y no deje las desigualdades como están... La escuela pública ha de estar al servicio de la educación pública, y no al revés.
El segundo día empezó con la disertación de César Coll, quien hizo una revisión al tema del aprendizaje y su relación con el curriculum establecido. Coll aboga por una reflexión sobre qué aprendizajes son básicos, y una vez determinados, insistir en los mismos, teniendo en cuenta que ya estamos en una sociedad del conocimiento. Esta sociedad impone una continua actualización de aprendizajes, de modo que, como dice Bauman, es más importante olvidar -reemplazar, cambiar, modificar- que recordar. Este aprendizaje a lo largo de la vida nos plantea un cambio en la formación inicial, que ha de ser más de hábitos que de contenidos, de maneras de actuar más que de memorización. Apostó por buscar la relevancia de los aprendizajes, su duración en el tiempo, más allá de las propuestas curriculares de los libros de texto.
Y afirmó que las TIC se integrarán completamente en la escuela, y marcarán el aprendizaje por completo. La cuestión, según Coll, no es cómo introducir las TIC en la escuela, sino cómo utilizarlas para conectar la escuela con el exterior. Sobre la diferencia entre constructivismo, capacidades y competencias, restó importancia al debate terminológico, con una reflexión final que me gustó: Antes de la LOGSE, y durante su puesta en marcha, muchos profesores con buen nivel didáctico ya eran constructivistas sin saberlo; ahora, igualmente, los buenos docentes trabajan por competencias sin darse cuenta conscientemente, porque la terminología no delimita la acción pedagógica.
En conclusión, los tres primeros ponentes subrayaron la importancia de la educación desde diferentes puntos de vista: según los fines, según su utilidad pública, y como espacio de aprendizaje relevante y duradero.



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