martes, 10 de abril de 2012

El sistema educativo como campo de batalla ideológica

Hace tiempo que, en España, asistimos a un continuo debate sobre política educativa. Este debate se da principalmente entre las dos formaciones políticas que gobiernan alternativamente en nuestro país. En principio, esta discusión podría tener carácter positivo: la educación preocupa, así que está en el centro del debate político. Sin embargo, la confrontación se queda en un ejercicio partidista lleno de lugares comunes.
No ha habido capacidad para llegar a un consenso en temas educativos. El ministro Gabilondo, que lo intentó con buena voluntad y bastante inteligencia, se quedó sin pacto por la negativa del PP a firmarlo. Al parecer, había algunos desacuerdos... pero lo fundamental era compartido por los dos partidos. Una vez más, se imponía la estrategia a corto plazo a una visión más consistente, que permitiera la estabilidad legislativa en educación.
Ahora, el gobierno conservador plantea rediseñar la enseñanza secundaria, ampliando en un año el bachillerato. Además, no quiere seguir sustentando el plan Escuela 2.0 que dotaba de ordenadores a los alumnos de quinto de EP. Algunas comunidades autónomas no se sumaron, en su día, a esta iniciativa (por ejemplo la nuestra, la C. Valenciana, cuya conselleria de educación estaba dirigida por Alejandro Font de Mora) con argumentos más o menos peregrinos. El conseller valenciano alegaba que el tamaño de la pantalla de los ordenadores podía afectar la vista de los niños valencianos. Esta afirmación da una idea del nivel del debate.
Como decimos, desde el gobierno central se da un bandazo en sentido contrario, cortando una iniciativa para incluir las TIC en la actividad cotidiana del alumnado. Como en otros temas educativos, no ha habido un consenso en torno a las TIC y su presencia en las aulas. Estos bruscos cambios de dirección muestran, sobre todo, la falta de una previsión compartida, de una visión más amplia y generosa sobre qué educación se quiere. La misma administración valenciana, con respecto a las TIC y a la informatización de las tareas docentes, ha ido alternando la dependecia de Windows y Microsoft con la implantación de programario libre, Lliurex, sin que haya una línea coherente de actuación.
Todo este desbarajuste político nos lleva a plantear el problema de fondo: se utiliza la educación como campo de batalla ideológico entre opciones conservadoras y socialdemócratas. Hace unos años, en los primeros ochenta, Giorgio Franchi planteaba que el sistema educativo había absorbido las tensiones sociales y reproducía, a una escala menor y más controlada, el enfrentamiento entre ideologías opuestas, especialmente la izquierda revolucionaria de origen comunista o socialista y el liberalismo que, en Italia, estaba en manos de la democracia cristiana.  Las reivindicaciones estudiantiles o del profesorado constituían las manifestaciones de baja intensidad de dicho conflicto. (La instrucción como sistema, ed. española en Laertes, 1988)
Después de veinticinco años, el conflicto ideológico ha permanecido en el sistema educativo, pero los actores han cambiado. Son las formaciones políticas quienes utilizan la educación como escenario de controversia, ya que es un espacio con repercusión en la opinión pública que permite visualizar las diferencias entre partidos. Y esto es así porque la enorme inercia del sistema soporta todo. Se legisla a corto plazo, sin consenso, justamente para hacer evidente lo que separa, no lo que une. Con una economía fuertemente regulada por organismos supranacionales, hay poco margen para la confrontación; por tanto, la educación se convierte en el ámbito del enfrentamiento, incluso de la representación de la diferencia. El problema es que, mientras tanto, el sistema no mejora y las iniciativas no tienen el tiempo necesario para ser evaluadas con calma. Así avanzamos, a bandazos, hacia no sabemos dónde. Aunque, si no sabemos hacia dónde, tampoco sabemos si hay avance o damos vueltas en círculos.

2 comentarios:

  1. No avanzamos, damos vueltas en círculo y la educación se enfrenta a una mayor penuria y carencia de medios que pronto se van a evidenciar a tenor de las últimas noticias. La educación de la mayoría de la población es compleja porque parte de las dudas sobre qué es educar, para qué educar y qué estrategias utilizar para educar. Mis treinta años en la enseñanza me han llevado por un periplo de infinitas reformas y reformas de reformas, reglamentos, teorías educativas novedosas que no han dejado ningún poso, y la evidencia es que tenemos un sistema educativo lastrado por la ineficaciá. ¿De quién es la culpa? ¿De los gobiernos que utilizan la educación de modo partidista y de confrontación ideológica? ¿De los recursos reales empleados? ¿De los docentes a los que se acusa en medios de comunicación de falta de motivación? ¿De la sociedad hedonista que niega que el esfuerzo sea un criterio solvente? No sé, Salvaoret, si un camino es la escuela 2.0. Yo la he experimentado con ordenadores mis alumnos y ha sido altamente insatisfactoria fuera de los lugares comunes. Hay una cierta regresión sobre lo que ha supuesto la incorporación de los medios tecnológicos en el aula. No ha funcionado. Es una imrpresión que creo generalizada. Se aprende menos y no es que se aprenda diferente que es lo que se pretende. Se aprende menos y más desordenadamente, más al ritmo de los saltos hipertextuales. A la vez la vuelta al libro de texto (carísimo) es complicada. Estamos en un impasse educativo: con una escuela con alto índice de fracaso, sin directrices compartidas, con un profesorado enormemente heterogéneo en sus planteamientos y una fuerzas políticas que no tienen especial interés en la educación pública porque sus intereses están en otro lado. A partir de ahora será más difícil todavía. Un saludo.

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    1. Gracias por tu comentario, Joselu. Lo valoro mucho. Es cierto que vivimos tiempos complicados en educación. Por ello mismo, me parece grave que, a nivel político, no se llegue a acuerdos sólidos, que puedan sustentar gobiernos de distinto signo. La escuela 2.0 es una apuesta por actualizar la educación; no es la panacea, pero sí me parece un modo de llevar la realidad, lo cotidiano en la vida del alumnado, a las aulas. La metodología es fundamental, como bien afirmas. Gracias otra vez. Un saludo.

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